22/07/2026
En este artículo, Silvia Ruiz y Álvaro Nadal analizan seis cuestiones jurídicas esenciales para proteger el valor de una startup y prepararla para crecer y recibir inversión.
Durante las primeras etapas de una startup, los esfuerzos suelen concentrarse en desarrollar el producto, encontrar clientes y conseguir financiación. Las cuestiones jurídicas quedan con frecuencia para más adelante, cuando el proyecto haya alcanzado una mayor dimensión.
Sin embargo, muchos de los problemas que aparecen durante el crecimiento tienen su origen en decisiones adoptadas al comienzo. Una propiedad intelectual mal documentada, un conflicto entre socios o un incumplimiento regulatorio pueden afectar a la valoración de la compañía y dificultar la entrada de inversores.
Estas son las seis cuestiones que conviene revisar antes de afrontar una nueva fase de crecimiento.
1. Asegurar la titularidad de la propiedad intelectual
El valor de muchas startups reside principalmente en activos intangibles. Por eso, la compañía debe poder acreditar que es titular de la tecnología, el software, la marca o los contenidos sobre los que se apoya el negocio.
Haber pagado por un desarrollo no implica necesariamente haber adquirido todos los derechos para explotarlo. Es importante revisar los contratos con quienes hayan participado en su creación y comprobar también las condiciones aplicables a los materiales o componentes de terceros incorporados al producto.
La marca requiere una protección específica. La denominación social y el nombre de dominio no sustituyen su registro. Si el signo es relevante para identificar el negocio, debe analizarse su disponibilidad y protegerse en los territorios en los que vaya a utilizarse.
Una titularidad incompleta no genera únicamente un riesgo de reclamaciones. También puede poner en duda el principal activo de la empresa.
2. Utilizar contratos adaptados al negocio
Un contrato genérico puede dar una falsa sensación de seguridad. Aunque su redacción parezca completa, puede no responder al servicio que presta la startup ni a los riesgos que realmente asume.
Los contratos deben reflejar cómo funciona la relación, qué debe entregar cada parte y qué ocurre si el servicio no se presta correctamente. También deben regular de forma coherente la responsabilidad, la propiedad intelectual, la confidencialidad y la terminación.
En los negocios digitales es especialmente importante que las condiciones contractuales coincidan con el producto. Si el contrato promete algo que la tecnología no puede cumplir o no contempla aspectos esenciales del servicio, el problema crecerá al mismo ritmo que la cartera de clientes.
Un buen contrato no sirve únicamente para preparar un posible litigio. Su función principal es ordenar la relación y evitar que las expectativas de las partes se separen durante su ejecución.
3. Proteger la confidencialidad y el know-how
Las ideas, consideradas de forma abstracta, no siempre pueden protegerse mediante derechos exclusivos. El conocimiento que permite convertirlas en un negocio viable sí puede alcanzar una protección jurídica específica.
Para que una información pueda considerarse secreto empresarial, la compañía debe haber adoptado medidas razonables para mantenerla reservada. La firma de un acuerdo de confidencialidad es importante, pero puede resultar insuficiente si después cualquier persona puede acceder a esa información sin control.
La protección debe trasladarse al funcionamiento diario de la empresa. Limitar los accesos, identificar la información sensible y establecer pautas claras para quienes trabajan con ella permite proteger mejor el know-how y acreditar su carácter secreto ante una posible utilización indebida.
4. Integrar la protección de datos desde el diseño
Una startup que gestiona información de usuarios, clientes o trabajadores trata datos personales y debe cumplir la normativa aplicable desde el inicio.
El cumplimiento no consiste únicamente en publicar una política de privacidad. La empresa debe saber qué datos utiliza, para qué los necesita y qué proveedores intervienen en su tratamiento. También debe establecer medidas de seguridad y procedimientos para responder ante una solicitud de derechos o una brecha de seguridad.
Estas cuestiones deben analizarse durante el diseño del producto. Modificar posteriormente una tecnología construida sobre una recopilación excesiva o un uso poco transparente de los datos puede ser técnicamente complejo y económicamente costoso.
Una gestión adecuada de la privacidad reduce riesgos y transmite confianza a clientes e inversores.
5. Revisar el uso de inteligencia artificial
Cada vez más startups utilizan inteligencia artificial en su actividad o desarrollan productos basados en esta tecnología. Antes de incorporar una herramienta, es necesario comprender qué sucede con la información introducida en ella y bajo qué condiciones pueden utilizarse sus resultados.
El análisis debe ser especialmente cuidadoso cuando se incorporan datos personales, información confidencial o materiales protegidos. También conviene comprobar si el proveedor puede reutilizar esa información y qué garantías ofrece sobre el funcionamiento del sistema.
Cuando la startup desarrolla o comercializa una solución de inteligencia artificial, debe determinar cuál es su posición conforme al Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial y qué obligaciones le corresponden. La respuesta dependerá del uso previsto y del nivel de riesgo del sistema.
La gobernanza jurídica de la inteligencia artificial debe formar parte del desarrollo del producto, no añadirse cuando ya está en el mercado.
6. Preparar la compañía antes de buscar inversión
Un inversor no se limita a valorar el producto o sus perspectivas comerciales. También necesita comprobar que la compañía controla sus activos y que no existen contingencias capaces de afectar a su valor.
La due diligence permite revisar la situación societaria, contractual y regulatoria de la startup. Los problemas detectados pueden retrasar la operación, reducir la valoración o dar lugar a garantías adicionales para los fundadores.
Esperar a que la inversión esté prácticamente negociada reduce el margen para corregir cualquier deficiencia. En ese momento, un contrato pendiente o una cesión incompleta pueden convertirse en un obstáculo urgente para el cierre.
Una startup ordenada transmite solvencia y permite que la revisión avance sin comprometer el calendario de la operación.
La seguridad jurídica también forma parte del valor de una startup
La estructura jurídica no es un elemento separado del negocio. Determina quién controla los activos y qué compromisos puede asumir la compañía.
La seguridad jurídica no convierte por sí sola una idea en un negocio viable. Sin embargo, su ausencia sí puede impedir que un proyecto con potencial consiga financiación o crezca de forma sostenible.
Por eso, la revisión legal debe comenzar cuando todavía existe margen para corregir deficiencias y adoptar decisiones sin la presión de una operación pendiente de cierre.
EJASO asesora a startups y fundadores en sus proyectos para garantizar la protección de activos intangibles, la elaboración de contratos, el cumplimiento normativo y la preparación de procesos due diligence.
Autores
Socia Área de Medios y Entretenimiento. Socia Área Privacidad y Protección de datos. Directora oficina EJASO Vitoria-Gasteiz.