16/10/2026
La digitalización de los servicios financieros ha hecho que invertir sea cada vez más sencillo. Abrir una cuenta, contratar un producto o ejecutar una operación puede hacerse hoy desde un teléfono móvil en cuestión de minutos.
Pero esa facilidad también plantea una cuestión jurídica cada vez más relevante. La forma en que se diseña una experiencia digital puede influir tanto en la decisión del usuario como la propia información que recibe.
Un estudio de Finance Watch, recogido por Cinco Días el pasado 23 de septiembre, analizó las páginas web y aplicaciones de 24 bancos, neobancos y plataformas de negociación, además de 59 publicaciones de fininfluencers en distintos países europeos.
Entre las prácticas detectadas aparecen rankings, sistemas de recomendación y diseños capaces de orientar las decisiones de los inversores.
Más allá de los resultados concretos, el estudio deja una reflexión importante para empresas y asesores jurídicos. El cumplimiento digital ya no puede consistir únicamente en revisar textos.
Tradicionalmente, buena parte de la revisión legal de una aplicación, una web o una campaña se ha centrado en comprobar si la información facilitada es correcta, si aparecen las advertencias necesarias o si una comunicación está adecuadamente identificada como publicidad.
Todo ello sigue siendo imprescindible, pero puede resultar insuficiente cuando la propia arquitectura del servicio condiciona la forma en que el usuario toma sus decisiones.
Un listado de los productos “más populares”, una inversión situada sistemáticamente en primer lugar o una recomendación personalizada no son problemáticos por sí mismos.
El riesgo aparece cuando su diseño puede favorecer una determinada decisión sin que el usuario comprenda suficientemente qué criterios se han utilizado o qué intereses económicos existen detrás.
Es aquí donde adquieren importancia los denominados dark patterns o patrones oscuros.
El análisis jurídico no debería limitarse a detectar diseños manifiestamente engañosos. También debe valorar si la combinación de decisiones aparentemente neutras de diseño puede terminar afectando de forma relevante a la capacidad del usuario para elegir libremente.
Esto obliga a mirar la experiencia digital en su conjunto.
El orden de las alternativas, la prominencia de determinadas opciones, la facilidad para contratar frente a la dificultad para abandonar un servicio o la lógica utilizada por un sistema de recomendación pueden tener también relevancia jurídica.
La consecuencia práctica es importante. Legal y Compliance deberían intervenir antes en el proceso de diseño del producto y no únicamente cuando la interfaz está terminada y queda pendiente aprobar los textos legales.
El segundo foco del estudio son los fininfluencers.
Finance Watch señala que el 54 % de las publicaciones examinadas se presentaban como contenido educativo y no como publicidad.
También detecta situaciones en las que no resultaba clara la relación económica entre el creador y los productos promocionados, junto con el uso de advertencias como “esto no constituye asesoramiento financiero” o “invierte bajo tu propia responsabilidad”.
Aquí la enseñanza jurídica es especialmente clara. Un disclaimer no puede alterar por sí solo la naturaleza real de una actividad.
Que un creador presente su contenido como educativo o afirme que no presta asesoramiento financiero no resulta determinante si, atendiendo a lo que realmente hace, puede estar realizando una recomendación sometida a obligaciones regulatorias.
Por eso, las empresas que colaboran con influencers no deberían limitar su revisión a comprobar que aparece una determinada mención publicitaria.
También resulta necesario analizar qué puede decir el creador, cómo presenta el producto, qué incentivos económicos recibe y qué mecanismos existen para supervisar el contenido publicado.
Todo ello refleja una evolución más amplia del Derecho Digital. El objeto de revisión ya no es únicamente el contenido, sino también la arquitectura de la decisión.
Un ranking, una recomendación algorítmica o la intervención de un influencer pueden parecer decisiones de producto o marketing.
Sin embargo, cuando tienen capacidad para orientar el comportamiento económico del usuario, pasan también a formar parte del perímetro de riesgo jurídico.
Consulta la noticia completa publicada en Cinco Días: Triquinuelas y consejos interesados: los usuarios financieros europeos cargan contra los brókers y fininfluencers.